domingo, 25 de noviembre de 2018

El niño eterno


Ensayo semiológico

Trabajo práctico - Segundo cuatrimestre de 2018

El niño eterno

Nidia Orellano

El mito del niño eterno se enmarca dentro de la cosmovisión tradicional de la eterna juventud que la literatura y el arte han resaltado. En la literatura Peter Pan, el personaje ficticio creado por el escritor escocés James Matthew Barrie, es el arquetipo del niño eterno. Este personaje destaca el anhelo de vivir al margen del tiempo y no crecer nunca. 

En el arte, Pablo Picasso fue una representación del niño eterno por su visión “infantil” del mundo. “Había algo que lo convertía en un niño eterno y en un hombre que se resistía a matar a ese niño", señalaron algunos críticos.

Aquí el ejemplo es un actor y cómico argentino, cuyo nombre es Carlitos Balá, quien representa para aquellos mayores de 25 años el símbolo de la infancia. Todos ellos recordarán sin gran esfuerzo haber crecido mirando “El show de Carlitos Balá”.

Este personaje entretuvo a varias generaciones, con su aspecto juvenil, delgado, pantalón blanco, calzado deportivo y campera tipo rompeviento, y no nos olvidemos de su melena lacia y su flequillo, el cual trajo mucho de qué hablar porque más de uno pensaba que usaba peluca.

Carlitos Balá con su marca registrada que es el “flequillo” y sus frases “celebérrimas”, muy pegadizas que él repite en gags: como “¿Qué gusto tiene la sal?”, “Ea-ea-ea pe-pé”, “¿Un gestito de idea?”, entre otras y la creación de neologismos esdrújulos, han alimentado por años su imagen de niño eterno.
En el momento de su mayor auge, salieron al mercado discos, caretas, remeras, gorros, revistas, etcétera, su producto e imagen fueron instalados en la sociedad desde ese momento y para siempre.

Los medios de comunicación de masas, en este caso la televisión, han contribuido a eternizar ciertos personajes y a mantenerlos por siempre jóvenes.

La prueba está en que Carlitos Balá con sus 93 años y con motivo de su cumpleaños realizó una presentación en el Parque Centenario,  lugar al que asistió una multitud para volver a ver a su ídolo y mostrar a sus hijos y nietos aquel personaje que los había hecho reír por tantos años.

La gente esperaba con ansias la aparición de Balá, el conductor retardaba la presentación, aparecían referentes actuales para los niños, actores hablando y saludándolo por su cumpleaños… pero Balá no salía, cuando finalmente subió al escenario, la multitud se levantó aplaudiendo a rabiar y sin poder creer lo que veían. Carlitos Balá no era un viejecito al borde de la muerte, era el mismo joven de pantalón blanco, calzado deportivo, campera tipo rompeviento roja con estrellas doradas en la espalda, y su melena era lacia y con flequillo, ¡¡¡los años no habían pasado!!!

Empieza su entrada al escenario cantando y luego la música de fondo es emotiva, y el conductor pone su cuota de recuerdos y emotividad ante la presencia del ídolo.

La gente llora de emoción y viva su nombre “¡Carlitos! ¡Carlitos!” con los manos en alto, de fondo un piano…y él hace sus chistes.

Ahí estaba el niño eterno, el tiempo se había detenido y como una esfinge a la entrada del santuario, como la imagen olímpica de un Dios que reencuentra su esencia atemporal, Balá se convierte en héroe, ubicado en el límite de las leyes biológicas que sí rigen para otros hombres.

Es la imagen que se propaga a lo largo de toda su vida. La gente lo abstrae de sus propias determinaciones físicas y le asegura el beneficio perpetuo de su don: el de entretener y hacer reír, con un esplendor inalterable, una seducción limpia de toda maldad.

Y Carlitos Balá vuelve a cantar y bailar, saluda al público, pasea a su perro invisible Angueto, y la cámara hace primeros planos de los rostros llorosos, los celulares en alto que captan con fotos y filmaciones el momento mágico que están viviendo.

Lo acompañan con palmas, cantan  las canciones que tienen grabadas desde la infancia, con sus hijos y nietos en brazos.

Por supuesto no faltará para redondear el festejo la torta de cumpleaños. Mientras la multitud le canta el Feliz Cumpleaños, Carlitos roba pedazos de chocolate que recubren la torta con toda la naturalidad del mundo, porque la infancia es la edad de lo “natural”, allí donde la cultura nunca muere. Y así es nuestro niño eterno, que se encuentra en ese lugar privilegiado de la excepcionalidad,  el milagro de ser un niño eterno.

De esta manera una vez más la televisión capta al niño eterno de los argentinos, que manifiesta en el escenario y al mismo tiempo en su vida cotidiana, en todo reportaje, entrevista, caminando por la calle, que es un chico. Su vida es la broma, hacer reír es su esencia, y por eso su vocabulario simple y su humor popular han perdurado hasta el día de hoy. Su “fórmula” llegó a la gente de esta manera y los medios de comunicación de masas supieron eternizar el fenómeno.

Por eso, si un día anda distraído, alguien toca su hombro, y al darse vuelta no ve a nadie, o escucha una voz que dice “sumbudrule”: sonría, el niño eterno le ha jugado otra broma.



viernes, 23 de noviembre de 2018

Globos

Ensayo semiológico

Trabajo práctico - Segundo cuatrimestre de 2018

Globos

Stella Cinquepalmi

Un globo es un objeto de goma o de otro material flexible, generalmente de forma redonda u ovalada, que relleno de aire o de un gas menos pesado, se eleva en el aire y sirve de juguete para los niños o como adorno en algún lugar. Esta definición es la que nos aporta la Real Academia Española. Y, como tal, la figura de un globo, en cuanto lenguaje-objeto, refiere  inmediatamente a la idea de juego de niños o de fiesta, y en ambos casos, a risas y diversión.

Debemos prestar especial atención al contenido del globo: el aire, una sustancia gaseosa y volátil que lo hace inasible e inconsistente. 

La incorporación de globos en escenografías de marco festivo durante campañas políticas forma parte de una práctica que en Estados Unidos se viene desarrollando desde los años sesenta. Con el correr de los años este modelo fue adoptado por diversos espacios políticos en otros países del mundo. También influyó en el nuestro, donde en este último tiempo los globos se identifican con un modo de hacer política.

Tratemos de reconocer el mecanismo a través del cual el vacío interior característico del globo se traslada al decir político, a un discurso vaciado de contenido por asimilación a la imagen del globo. 

A través de una retórica diseñada en tono de festejo, el globo contribuye a la eficacia de un discurso persuasivo que busca acercar simpatizantes (y votantes) que descreen de la política en su sentido pleno, que no la consideran una herramienta fundamental para la toma de decisiones de gobierno en cuanto a que afectan directamente a la sociedad y al Estado. Y frente a la participación activa del ciudadano que impone un modelo como el que estuvo  vigente en el país durante los últimos años. Optan por una actitud pasiva, prefieren delegar la actividad política a manos de entendidos o expertos en la materia, sin involucrase personalmente.

De esta forma se hace posible que en el marco de diversión que encuadra la actividad política de cara a su electorado, se pueda llevar a cabo el trasvasamiento de la noción de vacío interior del globo al discurso político. 

Descuidada la oratoria tradicional como medio persuasivo, se recurre a un mensaje político hueco, sin contenido, que se plasma en frases simples y mensajes breves, casi telegráficos, tan efímeros como la vida misma de un globo, y que apela a conmover a un público (electorado) particular.  Es el resultado de técnicas publicitarias aplicadas al discurso político.

Apunta a un votante que está dispuesto a dejarse seducir por esta nueva modalidad de hacer política, que no requiere compromiso, y que no está atenta a la  inconsistencia o no de sus propuestas ni a la vaguedad de las consignas difusas o poco específicas. 

Se trata de una “nueva generación” de dirigentes  que se manifiesta claramente opositor a la vieja política atribuida al signo político que gobernó el país durante la última década: una política que considera planteada en términos de conflicto permanente.  

Esta retórica está fundada en la equiparación de la política con un juego de niños, atractiva para una porción de la sociedad. Su efectividad se ve potenciada por la incorporación de los globos, que le aportan la carga de inocencia y de ilusiones que le son propias por naturaleza. 

El mensaje político adquiera, de esta forma, una nueva significación. Se obtiene un nuevo discurso desprovisto de conceptos terminológicos precisos y que desestima la argumentación porque no le hace falta. 

Este discurso apunta, fundamentalmente, al plano emotivo, a la comunión en torno a consignas que se posicionan en el polo opuesto del modelo que sus seguidores están deseosos de desterrar.  

Un tipo de política, comprendida y aceptada en el mismo plano que la diversión, la hace pasible de ser transformada, a través de un metalenguaje, en la no-política o la antipolítica. 
Sólo una vez comprendido este proceso a través del que la política se despoja de la política, se puede llegar a comprender por qué, frases como “hay que desideologizar la política exterior”, en boca de nuestra canciller hace poco más de un año, no producen, por lo menos, asombro en buena parte de la sociedad, aunque sea por el contrasentido que la frase en sí misma encierra. La política exterior es política, por definición, y quien la expresa, lo hace en función de su cargo político.

El globo, como mito, nos remite al juego, al espacio lúdico, que es el que, por otra parte, dota de sentido al nuevo mensaje político: el que se quiere desentender de la política. 
Podríamos definir al globo como la metáfora que consuma la paradoja de una política despolitizada.

Es en el plano connotativo que este metalenguaje se convierte en una clara ideología,  también paradójica, en tanto debemos entender por ideología a la “desideologización de la ideología”. 

Aunque parezca un juego de palabras no lo es; en todo caso se trata de otro contrasentido que habrá que seguir desentrañando. 


viernes, 9 de noviembre de 2018

Las vanguardias estéticas según Hal Foster

Harold (Hal) Foster es un crítico de arte estadounidense que nació en Seattle en 1955. Se ha especializado en las vanguardias en la era de la posmodernidad, y sus escritos han desencadenado una serie de interesantes polémicas en esta área.

En 1983 editó The Anti-Aesthetic: Essays on Postmodern Culture, uno de sus escritos más destacados.

De 1996 es el libro The Return of the Real: The Avant-Garde at the End of the Century, cuya versión castellana (El retorno de lo real: la vanguardia a finales del siglo, Barcelona, Akal, “Arte contemporáneo”, 2001, traducción de Alfredo Brotons Muñoz) puede leerse completo aquí.


jueves, 19 de abril de 2018

Charles Morris y sus Fundamentos de la teoría de los signos


Charles William Morris fue un filósofo y semiótico estadounidense nacido en 1901 en la ciudad de Denver y muerto en Gainsville, Florida, en 1979. 

Supo desarrollar una forma particular del pragmatismo que orientó sus estudios sobre semiótica. Estuvo ligado al Círculo de Viena (positivismo lógico) e influido por filósofos alemanes y austríacos a los cuales ayudó a refugiarse en Estados Unidos durante la década de 1930. Seguidor de los trabajos de Bertrand Russell, Charles S. Peirce, Rudolf Carnap y Ernst Cassirer, también mantuvo un contacto personal con los lingüistas Edward Sapir, Leonard Bloomfield y Roman Jakobson.

De 1931 a 1947 fue profesor Asociado en la Universidad de Chicago. En 1938 publicó sus Fundamentos de la teoría de los signos. El volumen ya forma parte de la bibliografía básica y obligada de la semiótica, y puede leerse de manera completa aquí.


jueves, 5 de abril de 2018

Paolo Fabbri y la semiótica del camuflaje

Paolo Fabbri (Rímini, 1939) es también un incansable pensador acerca de los alcances, las potencialidades y las problemáticas de la semiótica contemporánea. Autor de Tácticas de los signos: ensayos de semiótica (Barcelona, Gedisa, 1995) y El giro semiótico (Barcelona, Gedisa, 2000), Fabbri se ha desempeñado como docente en numerosas universidades italianas y extranjeras: Boloña, Venecia, Florencia, Urbino, Palermo, París V, San Diego (California), entre otras, lo han contado entre sus claustros. Desde 2013, además, es el director del Centro Internacional de Ciencias Semióticas con sede en la ciudad de Urbino, Italia [http://semiotica.uniurb.it], institución de referencia para el mundo académico de la semiología y de cuya fundación en 1970 el mismo Fabbri participara activamente, junto con Pino Paioni y el entonces Rector de la Universidad de Urbino, Carlo Bo.

Crítico pero a la vez optimista en relación a la actualidad y a las perspectivas futuras de la disciplina semiótica, Fabbri sostiene frente a las preguntas de Mariana Patricia Busso que

(…) Uno de los grandes problemas de la semiótica contemporánea es que produce muchos textos, pero que no produce crítica sobre los textos que producimos. Otro problema muy importante es que, al menos en Italia, hemos acumulado en los últimos años cerca de veinte textos introductorios a la semiótica. Yo encuentro esto muy grave, muy peligroso, porque significa que no hay un corpus unificado de conceptos y que por ende existe una debilidad, una incerteza, de las orientaciones semióticas. Se habla de la existencia de una semiótica canónica, de una semiótica standard, y de la necesidad de seguir avanzando; pero luego todos reescriben introducciones a la semiótica… Yo creo que, de una parte, es necesario reforzar estas orientaciones de base; pero por otra parte, es necesario realizar evaluaciones críticas –positivas o negativas-, que una disciplina teórico-conceptual necesita. Considero que esto es importante en todas las disciplinas, que son definidas interiormente (por la propia consistencia conceptual y por sus interdefiniciones de terminologías), pero que también se definen por las resistencias que hay. Esto no ha sido estudiado lo suficiente para el caso de la semiótica, y sería interesante hacerlo, ya que se trata de una disciplina que suscita aún muchísima resistencia. Creo que es necesario realizar una revisión a esta tendencia deplorable de hacer continuas introducciones a la disciplina y, por otra parte, introducir un aspecto crítico, y a veces incluso negativo.

La entrevista fue realizada en 2015. El breve ensayo "Para una semiótica de la comunicación estratégica", que Fabbri escribió en colaboración con Federico Montanari, puede descargarse completo aquí.


viernes, 24 de noviembre de 2017

El ajuar de la novia

Ensayo semiológico

Trabajo práctico - Segundo cuatrimestre de 2017
El ajuar de la novia
Ana Fanjul
El matrimonio es un tipo de institución social por el cual dos personas se unen religiosa o civilmente con la intención de perdurar juntos por el resto de sus vidas. Esta práctica social está caracterizada por incluir un número de pautas y códigos que deben ser cumplidos por los miembros de la comunidad que deseen contraer matrimonio. Una de las costumbres más arraigadas en el desarrollo de una boda es la constitución del ajuar de la novia, símbolo característico del rol que va a cumplir de ahora en más, diferente del que cumplía hasta ese momento estando soltera.
El ajuar de la novia es una tradición que se ha transmitido a lo largo del tiempo desde tempranas épocas. Sus orígenes se remontan a la antigüedad pero han ido cambiando y evolucionando con el devenir de los usos y con las transformaciones propias de las comunidades. La vestimenta de la novia se carga de significación en el momento en que permite avalar el nuevo rango que la mujer en cuestión ocupa. Permite además, caracterizarla mediante un conjunto amplio de símbolos típicos, que incluyen prendas, texturas y colores.
El término ajuar proviene del árabe hispánico assuwár, y éste del árabe clásico sawar, cuyo equivalente semántico es enseres. En sus orígenes designaba  todo lo referente a la “vestimenta” del hogar, tales como sábanas, manteles, servilletas, etc., que significaban el aporte que la mujer debía confeccionar para la unión, además de la dote ofrecida por la familia para el desarrollo de la boda. Se produce un pasaje semiológico del ajuar como elemento práctico a ajuar como elemento simbólico, ya que en la actualidad se designa con este término a la ropa característica que utiliza la novia en la ceremonia, ya sea religiosa o no, cuya conformación varía de acuerdo a las diferentes tradiciones que acostumbren llevar adelante en una determinada sociedad. Además, también el término hace referencia a la lencería que usará en la luna de miel luego de la celebración.
Hoy en día, el ajuar de la novia se circunscribe al ámbito de la religión católica, donde cumple una función esencial y simbólica a la hora de unirse a la otra persona ante los ojos de Dios. Está conformado por vestimentas propias de la situación, que pueden ser visibles ante los espectadores o no. En el primer caso, es detectable el uso de, en primer lugar, el vestido, generalmente largo y de color blanco, que permite a la novia destacarse de las demás mujeres presentes. En este sentido, el ajuar significa protagonismo, ya que es un índice o marca de diferenciación del resto de las personas que están en la ceremonia. El protagonismo es evidente en una novia tradicional, y más aún en aquella que pretende romper con las estructuras convencionales tratando de sobresalir.
Otra característica representativa del ajuar es el velo. Éste es un complemento, aunque no esencial, bastante distintivo del enlace entre dos personas. Está compuesto por una tela muy fina y transparente como puede ser el tul y la organza, aunque en la actualidad podemos encontrar multitud de estilos y colores. También pueden considerarse característicos del ajuar de la novia la liga en una pierna, o el uso de elementos nuevos y prestados. En la Edad Media, época de gran superstición, se origina el del uso de algo azul, que significa fidelidad; algo prestado, porque se creía que se podía atraer la felicidad usando una prenda o accesorio de una amiga que tuviera una vida feliz; algo nuevo, que simboliza la nueva vida que los novios van a empezar; y lo viejo, que significa la conexión de la novia con el pasado. Más allá de esta costumbre el uso de algo viejo es un tributo a las mujeres de la familia que son admiradas por la novia por su aporte, dedicación y la formación de identidad de su grupo. Por lo tanto, el ajuar es un legado, ya que a través de eso se continúa con tradiciones familiares que provienen de tiempos anteriores; muchas novias optan por el uso del vestido de novia de la madre o de la abuela, como modo de perpetuar y homenajear las raíces de la familia contribuyendo así a la continuidad de la cultura de la sociedad en la que están inmersas.
El ajuar puede implicar tradición, costumbre o moda, pero esto depende del sentido y significado que le da la mujer que lo usa. Hay quienes le otorgan un gran simbolismo que determina la forma de concebir el acto ceremonial, y lo consideran un aspecto importante en su desarrollo. Sin embargo, hay otras mujeres que lo perciben como algo superfluo y sin relevancia, en algunos casos hasta el punto de romper con los mandatos o rebelarse contra el uso de los elementos prototípicos. Para ejemplificar, en la religión católica, el color blanco simboliza la castidad que la novia ha conservado hasta que se consume la ceremonia, pero aunque en la actualidad esta condición no se cumpla, se opta igualmente por el color blanco, como un tópico ya convencionalizado; y en algunas ocasiones se puede llegar a considerar el uso de algún color diferente.
En cuanto al uso del ajuar en relación con la costumbre se remonta a tradiciones antiguas que se fueron modificando con el correr del tiempo hasta conformar la idea que se tiene hoy en día; además, el carácter relativamente estable de la apariencia del ajuar (color, liga, velo, ramo) se debe también a esto. Por otra parte, se relaciona con la moda, porque de ello depende la aceptación por parte del grupo social: la indumentaria es elegida en función de las preferencias o mandatos de la sociedad a la que pertenece, o bien, a la que le gustaría pertenecer. Hay que tener en cuenta que ciertas prendas exceden en muchos casos el presupuesto con el que cuentan gran cantidad de mujeres, su alto precio no se corresponde en alguno casos con las posibilidades de acceso a ciertos sectores sociales, pero el ansia de aceptación es tal que llegan a gastar más de la cuenta y endeudarse con tal de sentir por un momento que pertenecen a determinado estatus.
El ajuar significa también apariencia, y esto se remonta a la época en que la reina Victoria introdujo la moda del vestido blanco adornado con encajes (foto). En un principio, el retrato de la pareja nupcial, y años más tarde, la recreación de la boda real para ser fotografiada (Roger Fenton en 1854) tuvieron una reproducción en el nivel global que marcó un antes y un después en la historia del vestido de novia. Así, durante el tiempo que transcurra la ceremonia, la novia será la reina del acontecimiento por el hecho de vestir un atuendo que puede tener variantes, ya sea ostentoso o sencillo, con brillos y opaco; y estará siendo fotografiada y filmada. La idea de ser reina por un día se asemeja a la festividad carnavalesca que, durante el tiempo que dure la celebración, garantiza no haya distinción entre ricos y pobres.
Por último, el ajuar significa también felicidad, y  se corresponde con la idea de que todas las niñas sueñan con casarse, tener un despampanante vestido, una gran torta de bodas y una hermosa fiesta. La televisión, con sus programas de princesas, novelas y romances inculcan en las niñas que una boda es un final feliz, y, a la vez, un vivir feliz para siempre, una continuidad en la dicha y el regocijo. Esta felicidad se transmite en imágenes: una mujer vestida de blanco, un velo, guantes, una fiesta, etc. A través de estas imágenes se llena de simbolismos naturalizados y de estereotipos a los niños, que, en su mayoría, van a buscar por todos los medios repetir esto en la adultez para alcanzar la felicidad.

La compra del ajuar es como una preparación hacia la nueva vida que acarrea una confrontación de sentimientos: por un lado, nostalgia y melancolía hacia los momentos y las cosas de su vida que va a dejar atrás; y por otro lado, ilusión y expectativa hacia esta etapa nueva que va a comenzar en la vida de la mujer. Esta transición se termina de complementar con el hecho de que la novia es entregada por una figura masculina, por lo general el padre, a su futuro marido, completando así el rito de pasaje. Tanto la novia tradicional como la innovadora consideran el ajuar como el elemento más importante de este acontecimiento. Más allá de toda ceremonia religiosa o civil, el ajuar  y la fiesta es a lo que aspira y lo que desvela a toda mujer (o niña) que sueñe con casarse.  
                                                                                                                                                                                                                                                                                                            

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Juan Carlos Bustriazo Ortiz: autoconstrucción mítica del poeta

Ensayo semiológico

Trabajo práctico - Segundo cuatrimestre de 2017


Juan Carlos Bustriazo Ortiz: autoconstrucción mítica del poeta

Karen Rebolledo Ferrando 

La figura de Juan Carlos Bustriazo Ortiz como poeta pampeano se construyó poco a poco, rodeada por las peculiaridades del autor, creando así, con el paso de los años, una idea mítica del hombre que siempre aseguró que su inspiración bajaba del cielo y que los libros se los dictaba Dios, poema por poema, palabra por palabra, sin errores ortográficos y con título incluido. Un artículo escrito por Ezequiel Alemián hace referencia a este hecho: “Todo dictado en un orden perfecto, él simplemente se limitaba a escribirlos a máquina y numerarlos”. Incluso incorpora un comentario del autor publicado en la Revista Ñ donde señala: “Recuerdo perfectamente el dictado de Dios: miré al cielo y escuché su voz, una voz que me emocionaba”. Sin duda este es uno de los aspectos que más ha influido en la autoconstrucción mítica que el poeta hizo sobre sí mismo, esa seguridad que profesaba en cuanto a la transcripción de un dictado divino lo convirtió, ante el resto de los mortales, en un señalado por Dios. 
Roland Barthes en su obra Mitologías analiza diversos mitos que rodean nuestra vida diaria y uno de ellos refiere al escritor en vacaciones, allí el autor reflexiona sobre la idea que la burguesía se hace de sus escritores. Una de sus observaciones se centra en la “tranquilidad” que les produce en cierta medida a los lectores de la clase burguesa saber que los escritores son capaces de disfrutar de algo tan simple y común como unas vacaciones. Sin embargo, Barthes explica que esa concepción implica una contradicción porque el escritor en realidad no es un hombre común, y es justamente en la idea del “falso trabajador y falso vacacionista” donde radicaría para él la maravillosa singularidad del escritor. Barthes explica al respecto:

Él acepta sin duda que está provisto de una existencia humana, de una vieja casa de campo, de una familia, de un short, de una hijita, etc., pero contrariamente a los otros trabajadores que cambian de esencia y en la playa no son más que veraneantes, el escritor conserva en todas partes su naturaleza de escritor; al tener vacaciones, muestra el signo de la humanidad, pero el Dios permanece… (2014:36) 

Es precisamente esta idea de una divinidad vinculada a la figura del escritor, la que posibilita estudiar al poeta pampeano, que como él mismo decía “transformó en poesía el dictado de Dios”. Juan Carlos Bustriazo Ortiz nació en Santa Rosa de Toay el 3 de diciembre de 1929, un sietemesino que llegaba al mundo en el preciso momento que el molino Werner tocaba la sirena, como todos los días, exactamente a las once de la mañana. Tal vez esa sirena era el anuncio del cielo de la llegada de un poeta, al igual que la premonición de un anciano que estuvo con su madre pocos años después de su nacimiento. El mismo Bustriazo Ortiz lo explica así en una entrevista:

Sí recuerdo que yo era niño aún y apareció un anciano con un rollo de papeles escritos y le dijo a mi mamá que yo iba a ser poeta ¡y fui poeta! ¿Quién era ese anciano? No sé. Tiene que haber sido algún escritor, algún poeta. Qué lástima que no se me ocurrió preguntarle quién era, yo era un niño y no se me ocurrió. Qué notable eso, ¿no? Con un rollo de papeles estaba ese anciano. Me vio y vio mi futuro. Misterioso, ¿no? (2008:173)

En el libro Herejía bermeja de ediciones En Danza, de donde se extrajo este testimonio, se incluye una extensa conversación entablada entre Andrés Cursaro y el poeta. Allí da cuenta de los diversos sucesos que marcaron su vida. Explica, por ejemplo, que estuvo con sus padres hasta que fallecieron y que como poeta decidió usar el apellido completo porque también quiso usar el de su madre “para que no quedara solita, para que no quede de lado”.
Una de sus particularidades más interesantes, aludida en artículos y detallada por el mismo poeta, es el mito que se construyó en torno a él como trovador errante, como un nómade en su territorio. Probablemente las características geográficas de la zona, con sus médanos, sus extensiones casi desérticas, el viento y las piedras ocultas entre la tierra, favorecieron esta figuración del poeta como un personaje mítico, una especie de profeta en su tierra. Por otra parte, su afición por los restos indígenas enriquecía esta imagen. En las páginas de Herejía bermeja recuerda:

También anduve mucho por los médanos de Santa Rosa buscando restos indígenas porque me apasionaba mucho la arqueología. Hubiera querido ser arqueólogo. Y de algún modo, no siéndolo, recogía piedras, restos de alfarería. Siempre se encontraban en los médanos. Todo lo que iba juntando lo guardaba en mi habitación que parecía un museo: sobre todo tenía piedras, puntas de flecha. No sé dónde estarán las cosas que estaban en mi habitación-museo… (2008:170).

Su habitación-museo puede interpretarse como un testimonio fiel de la naturaleza curiosa y singular del poeta, consciente de su arraigo a esos elementos ancestrales, resignificados posteriormente en su firma y testimonio de sus paseos nocturnos, de su búsqueda de piedras, puntas de flecha, y también de inspiración, de palabras, como “huesolita”. En un artículo, publicado en Cultura y espectáculo, Silvina Friera rescata unas palabras de Bustriazo donde explica estos procedimientos: “He inventado muchas palabras, sí. Lo hice porque yo quería decir alguna cosa y no podía con las palabras existentes. Huesolita por ejemplo, es de hueso, solita. Delgadita, algo así” (2010:2).
Con respecto a sus facultades para tomar vino, muchos decían que él tenía una fórmula para no emborracharse, pero el poeta confesaba no estar seguro de si eso realmente era así, a pesar de la gran capacidad que tuvo, durante un tiempo, para beber sin ningún problema. Al respecto explica:

Tomé vino desde muy joven, recuerdo que a los 19 ya tomaba. A papito también le gustaba el vino. Él le ponía vino a la sopa, vino clarete. Y yo también hacía lo mismo que papá. Yo tenía mi vasito largo, que tenía una tapa de plata. Tomaba vino desde muy joven, pero poco en esa época (…) Mirá hubo una época que tomaba tanto, pero tanto, unos siete litros de alcohol por día; pero no me hacía mal nada, nada. Después perdí esa facultad y cuando quise beber mucho me agarré una curda terrible. Dicen que yo tenía una técnica para no emborracharme, que al tomar vino lo “masticaba” para que las papilas gustativas no se impregnaran con el alcohol. Eso dicen, pero yo no estoy seguro de eso. (2008:172-173)

Si bien Bustriazo no estaba seguro de aquella creencia que se había generado en relación a su manera de beber, lo que resulta realmente significativo es el mito que se construyó en torno al vaso que utilizaba y llevaba a todas partes en su portafolio. Estaba tan usado que se le había formado una costra de tinta en el borde, el poeta se negaba a que nadie intentase lavarlo. Además utilizaba su tapa de plata para evitar que los “espíritus de la bebida” lo abandonaran y siempre que bebía, aunque fuese solo, decía “¡Yapai peñi!” que significa “¡Salud hermano!” en mapuche. Este rasgo singular está siempre acompañado con el recuerdo de sus caminatas por las madrugadas, deambulando en busca de inspiración divina, llevando siempre consigo un maletín donde guardaba su vaso, unos poemas y una linterna para encandilar a los perros que le salían al paso.
La firma del poeta no deja de ser relevante y refuerza aún más el mundo de significaciones que creó a su alrededor. La firma de Bustriazo Ortiz está compuesta por distintos elementos que conforman su cosmovisión del mundo, según puede leerse en el breve análisis recopilado en Herejía bermeja, de este modo pueden identificarse una cruz araucana, una serie de rulos que representarían el infinito, un báculo egipcio, el triángulo sexual simbolizado por los tres puntos, y los círculos que significarían las piedras. En este aspecto, podría pensarse que el autor se configura a partir de una oscilación entre la universalidad (relacionado a los rasgos egipcios que incorpora en su firma) y una representación más regionalista y consciente de la herencia mapuche (por ejemplo su saludo a la hora de beber vino). 
Tiempo después, un altercado hizo que perdiera su inspiración. Bustriazo Ortiz fue internado en el hospital Lucio Molas en la parte de psiquiatría, luego de que intentara suicidarse. Allí, asegura que una médica, con remedios, le quitó, le destruyó la inspiración y ya no pudo escribir, a pesar de que lo intentó varias veces. Otro análisis podría vincular la internación del poeta en psiquiatría con su capacidad singular de escuchar voces. La locura podría estar asociada al dictado de Dios.    
El escritor no deja de ser escritor aunque esté en la playa, aunque “finja” que simplemente disfruta del sol y la siesta como el resto de los veraneantes. Nunca deja de crear, no puede delimitar al tiempo de la burguesía su trabajo creador, esto es lo que Barthes nos confiesa, como si todo este tiempo nos hubiesen estado haciendo trampa. Del mismo modo el poeta Bustriazo no podía hacer otra cosa que someterse a los designios divinos y escribir ininterrumpidamente el dictado de Dios. Pero él no nos engaña, él se ha confesado poeta siempre, y se ha esforzado consciente o inconscientemente en crear esa autorepresentación suya como escritor/poeta, sabedor o reflexivo de su singularidad y de su arraigo al suelo pampeano.
Sus caminatas nocturnas, su vaso de vino tapado para evitar la fuga de los espíritus, sus dictados del cielo, su firma intrincada y llena de símbolos, el anciano profeta que se cruzó en su camino, no hay manera de comprobar si todo esto realmente ocurrió o si se trató de una elaborada construcción de Bustriazo para cimentar su figura como poeta. Eso nunca se sabrá, lo que sí es posible afirmar es que el mito del poeta pampeano surgió como una necesidad a partir de una búsqueda para moldear la identidad cultural de la provincia.
Claudia Salomón Tarquini y Paula Laguarda en su artículo “Las políticas culturales pampeanas y el alumbramiento de una identidad regional (1957-1991)” explican que en los territorios nacionales que alcanzaron el estatus provincial a mediados del siglo XX, como La Pampa, la cuestión de la identidad cultural regional se planteó de diversas formas.
Las autoras manifiestan cómo a fines de la década del cincuenta y principios de los sesenta, se inició una etapa “fundacional” en las políticas culturales de la provincia. Se trató de un período en el que se definieron las bases sobre las cuales se articularía una “identidad pampeana” mediante el apoyo a los escritores y músicos locales. Esta es una de las razones por las cuales la figura de Bustriazo se popularizó, al igual que todas las peculiaridades que se decían sobre él. Bustriazo Ortiz es el poeta de La Pampa, es parte de nuestra identidad,   todos pueden identificar el suelo pampeano en sus versos, en las melodías que invitan a la musicalización de su obra, en el vino y en las piedras. Por esta razón, actualmente Bustriazo Ortiz y su autoconstrucción como poeta son parte de la leyenda popular.    


Bibliografía

Alemián, Ezequiel, “El hombre que transformó en poesía el dictado de Dios” en apartado "Cultura", especial para diario Clarín. 2010.
Barthes, Roland. Mitologías. Buenos Aires: Siglo Veintiuno, 2014.
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